jueves, 26 de junio de 2014

El imperio de las Relaciones Públicas, o por qué tu mente ya no te pertenece

“Todo el mundo procura el modo de crear una nueva necesidad en los demás, a fin de someterlos a una nueva dependencia, a una nueva forma de placer… Con una multitud de mercancías crece el campo de las cosas ajenas que esclavizan al hombre.” (Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos) 

“Los elementos básicos de la naturaleza humana están fijados entorno a deseos, instintos y tendencias innatas. Sin embargo, las direcciones hacia las que estos elementos básicos pueden orientarse con las influencias apropiadas son infinitas. La naturaleza humana es fácilmente modificable.” (Edward L Bernays Freud, Cristalizando la opinión pública) 

Nunca antes en la historia de la humanidad, los esfuerzos realizados para manipular la mente del hombre alcanzaron las cotas que han llegado a alcanzar en los tiempos presentes. 

En la antigüedad, no eran muchos los que contaban con la ayuda de asesores para poder moldear los pensamientos de sus semejantes con el fin de adecuar las voluntades de éstos a los deseos de aquéllos. Tan sólo los reyes, nobles y algunos pocos hombres de negocios gozaban de este privilegio.

En la actualidad, extraño es el caso en el que el humilde propietario de un bar o una aspirante a modelo fotográfico no recurran, de un modo u otro (televisión, internet, academias, libros…), a un experto para asesorarse en la elaboración de una simple carta de postres o un “book” fotográfico con el objetivo de poder vender más adecuadamente sus productos y servicios. 

En el marco del capitalismo de hoy, donde la avaricia y el egoísmo más brutal campan a sus anchas, sin ningún tipo de freno ético, la mente humana ha terminado por convertirse en el más encarnizado campo de batalla que haya existido jamás (aunque no es descartable un escenario peor aún); el hombre ya no es visto como un hombre, sino como un territorio a colonizar. Una marca trata de convencerte que es mejor que otra marca que vende el mismo artículo; el productor de un nuevo artículo trata de convencerte de que deseches los antiguos para adquirir el nuevo; todo el mundo trata de convencer a todo el mundo de que su producto o su servicio es el mejor, y para ello no dudan en consultar a los mejores especialistas en la manipulación de los deseos e instintos por los que se guía la psique humana (1). Se trata de una batalla en la que prácticamente están involucrados la totalidad de los seres humanos del planeta, desde una humilde camarera de discoteca al más adinerado magnate del petróleo, y en la que todos luchan por un mismo objetivo: colonizar tu mente, para que les compres, para que les contrates, en definitiva, para supeditar tu voluntad a la suya. 

Las Relaciones Públicas son un negocio que hoy en día mueve cantidades de dinero astronómicas. Edward L Bernays, sobrino de Sigmund Freud y al que se le considera el padre de las actuales Relaciones Públicas, en los años 80 del pasado siglo llegaba a cobrar más de 6.000 dólares por una sola hora de asesoramiento. Las Relaciones Públicas, o el modo de conseguir que la voluntad de unas personas se adecuen a los deseos de otras, se ha convertido en una lucrativa profesión, estudiada en las universidades por millones de personas en todo el mundo, y a la que dedican la mayor parte de su existencia y de sus esfuerzos para llegar algún día a cobrar lo mismo que el propio Bernays. Esto ha hecho que las relaciones públicas hayan alcanzado tal grado de extensión, desarrollo y perfeccionamiento en la sociedad contemporánea, que se podría decir que el libre albedrío ha pasado a ser una utopía.

Los asesores como Maquiavelo, o el más contemporáneo Bernays, ya no son un privilegio exclusivo de las élites gobernantes (el privilegio que tienen ahora es que cuentan con los mejores), sino que están al alcance de cualquiera con el fin de poner las mentes de los seres humanos al servicio de todo tipo de intereses particulares.

Así, es normal que en muchas ocasiones tengas la sensación de que tu voluntad está gobernada por fuerzas desconocidas, totalmente ajenas a ti, que manejan tu destino a su antojo. Tranquilo, no se trata de ningún tipo de fenómeno paranormal. Ten en cuenta que millones de personas en todo mundo están trabajando muy duro, día y noche, para subyugar tu voluntad a los intereses de otros, para lo cual, no tienen reparos en utilizar todos los medios de persuasión a su alcance y apelar a tus pulsiones más primarias y menos racionales.
Vivimos tiempos difíciles, tiempos de guerra, una guerra contra nuestras mentes: miles de cadenas de televisión y de radio emitiendo las 24 horas del día, uso obligatorio de internet en las escuelas, millones de carteles y vallas propagandísticas en cada rincón del planeta, incluso la propia imagen personal de quienes te rodean se ha convertido en una poderosa (y peligrosa) arma de control mental. Esperemos que por el bien de las generaciones venideras esta guerra termine pronto. 

Notas:
(1) Todo ello sin mencionar el brutal condicionamiento que, a través de los llamados “aparatos ideológicos del Estado” (familia, escuela, iglesia, partidos políticos, científicos, medios de comunicación…), sufren los individuos desde su más tierna infancia, con el fin de ajustar su comportamiento con el orden establecido. Los individuos son condicionados por el Estado para que se ajusten al orden establecido; los individuos condicionados por el Estado tratan de condicionar a otros individuos para que se ajusten a sus deseos; estos últimos, a su vez,  tratarán también de condicionar a otros con los mismos fines, así ad infinitum. Incluso los Estados tratan de condicionarse entre sí para ganarse unos a otros. Se trata de una guerra de todos contra todos, y en el medio estás tú.