viernes, 21 de febrero de 2014

La importancia de las estadísticas en los proyectos revolucionarios.

"Los más ni aún en cosas humanas tienen noción de nada bueno, sino de aquello que rinde provecho." (Cicerón, De la amistad, XXI, 79) 

"Ser honrado, según anda hoy el mundo, equivale a ser un hombre elegido, uno entre diez mil." (Shakespeare, Hamlet, acto II) 

Desde Sun Tzu, pasando por Maquiavelo, hasta el más contemporáneo Bernays, los intelectuales de las clases dirigentes siempre han dado una gran importancia a los estudios estadísticos a la hora de diseñar sus planes de dominación, especialmente, en lo referente al carácter o personalidad del ser humano. Actitud muy diferente ha sido la mantenida, a lo largo de la historia, por la mayoría de los grandes pensadores o líderes revolucionarios cuyo objetivo era el de mejorar las condiciones de vida (materiales y/o espirituales) del conjunto de la humanidad.

Después de años de investigación teórica y práctica, me atrevería a afirmar que la causa del fracaso de un gran número de proyectos revolucionarios "blancos" (1) no es otra que este desprecio por las ciencias estadísticas, concretamente, en lo referente al estudio del carácter y de la personalidad del ser humano.

Antes de llevar a cabo cualquier proyecto de dominación, las clases dirigentes analizan muy concienzudamente, basándose en las ciencias estadísticas, las posibilidades de que tales proyectos puedan tener éxito. Tomemos como ejemplo un suceso relativamente reciente como el 11S. Las clases dirigentes, antes de llevarlo a la práctica, evaluaron, teniendo en cuenta la personalidad y el carácter predominante en la sociedad de su tiempo, las posibilidades de éxito que tal suceso podría llegar a tener. Sabían de sobra que la inmensa mayoría jamás se atrevería a cuestionar la versión de los hechos que dieran las autoridades (por muy increíble o fantasiosa que ésta pudiera llegara a ser), pues ello supondría cuestionar y enfrentarse al sistema social en el que tan cómodos habían vivido hasta entonces. Sabían también que contarían con el apoyo de la inmensa mayoría para desarrollar sus planes militares y económicos, si se explotaba con suficiente habilidad el cuento de la amenaza terrorista y los peligros que ésta entrañaba para el estilo de vida burgués contemporáneo (extendido hoy día por casi todos los rincones del planeta). Sabían que habría una minoría que descubriría el "pastel" a los pocos días, y que ésta minoría iría en aumento, pero que jamás contaría con el suficiente apoyo y fuerza como para tirar por tierra sus planes, su Revolución Negra (2).

Las clases dominantes tienen siempre muy en cuenta todo este tipo de datos estadísticos, y, gracias a ello, consiguen desarrollar con éxito todos sus proyectos. Por el contrario, los partidarios de la Revolución Blanca han venido despreciando, de forma sistemática, dichos datos, lo cual ha conducido sus proyectos, en la inmensa mayoría de los casos, al más absoluto fracaso. Los partidarios de la Revolución Blanca, sin pararse a considerar las estadísticas y comprobar, a través de ellas, que "muchos son los llamados, pero pocos los elegidos", suelen pensar que cualquier persona vale para participar en sus proyectos revolucionarios, lo cual acaba teniendo como resultado consecuencias absolutamente catastróficas. Wilhelm Reich no sólo teorizó -con su concepto de "la muerte de Cristo" (3)- sobre los peligros de extender la Revolución de forma indiscriminada entre las masas, sino que también lo experimentó en sus propias carnes: encarcelamiento en prisión en 1957 y muerte en la misma un año más tarde.

Muchos son los partidarios de la Revolución Blanca que consideran que las viejas tácticas revolucionarias ya no sirven, y que es necesario buscar otras nuevas. Pues bien, en mi opinión, la estrategia de la revolución de masas se ha mostrado tan inútil como perjudicial, y por lo tanto, todo proyecto revolucionario que pretenda prosperar debe prescindir de ella. Todo individuo que aspire a la Revolución Blanca debe conseguir, en primer lugar, una revolucinarización de sí mismo, y, hasta no haberla conseguido, al menos en un 50% (4), no debe aspirar a revolucionarizar a otros individuos (aquellos que hayan demostrado sobradamente que desean ser revolucionarizados), de lo contrario, el fracaso estaría garantizado nuevamente.

Mientras no tengamos claro que en nuestro "bando" podemos llegar a encontrar enemigos tan encarnizados o más como en el contrario, las posibilidades de éxito son muy escasas (¡quiénes sino sus propias hermanas condujeron a la princesa Psique al desastre!). En cualquier caso, la única alternativa de todo hombre que aspire a un cierto nivel de salud mental no podrá ser otra que la Revolución; por lo tanto, tarde o temprano, no le quedará otro remedio que hacer frente a este problema. De su superación o no, dependerá el éxito o fracaso de su proyecto revolucionario. 

Notas:
(1) Con el término Revolución Blanca podríamos designar todo aquel intento llevado a cabo por un individuo o grupo de individuos cuyo objetivo es el de emancipar a la humanidad de su actual estado de esclavitud. Y con el término Revolución Negra, el intento por parte de un individuo o grupo de individuos de mantener o perfeccionar dicho estado de esclavitud.
(2) En la presentación de su libro, "Protocolos para un apocalipsis", Frank G Rubio y Enrique Freire analizan de forma magistral cómo el 11S fue un acontecimiento ideal para crear entre la población mundial las condiciones emocionales necesarias que permitirían a las élites desarrollar, con mayor fluidez, sus proyectos de Revolución Negra, también conocido como Nuevo Orden Mundial.
http://www.ivoox.com/protocolo-apocalipsis-audios-mp3_rf_142603_1.HTML
(3) A. Schopenhauer advierte también, en muchas de sus obras, de los peligros que amenazan al hombre de talento cuando trata de reafirmarse en sus convicciones ante una multitud de hombres con aspiraciones mediocres.
(4) Se trata de un dato del que no estoy del todo seguro, y que, por lo tanto, habrá de ser investigado un poco más en profundidad.