martes, 11 de febrero de 2014

El elixir de la juventud es sólo una cuestión de carácter. Cómo evitar la muerte en vida.

"Es preferible no viajar con un hombre muerto" (Henri Michaux) 

Desde tiempos inmemoriales, muchos han sido quienes, en vano, han tratado de descubrir el secreto de la eterna juventud o de la inmortalidad. Para ello idearon multitud de pociones y fórmulas mágicas, que no sólo resultaron inútiles, sino fatales en muchos casos para aquellos que se atrevieron a experimentarlas.

El último intento de la humanidad por prolongar la juventud y la vida está siendo igual de nefasto que todos los anteriores, teniendo como consecuencia todo lo contrario a lo que se pretendía, es decir, los resultados han sido: envejecimiento prematuro y muerte en vida. Este intento no es otro que la globalización de los hábitos de vida burgueses, que se trató de concretar hace varias décadas con la institucionalización de la llamada sociedad del bienestar, casi completamente extendida ya por todos los rincones del planeta gracias al fanatismo de sus prosélitos, un fanatismo muy superior al de los cruzados medievales.

A principios del siglo XX, el argentino José Ingenieros escribió "El hombre mediocre", y, a pesar de su visión extremadamente pesimista y elitista del género humano, considero que, cuando trata el tema de la juventud y de la vejez, da algunas claves maestras (sin que ésta fuera su intención) sobre cómo prolongar la primera y retrasar la segunda, y, lo más importante, cómo evitar la muerte en vida, tan extendida hoy en día.

Las siguientes reflexiones pueden ser, sin duda alguna, un eficaz elixir de la juventud al alcance de cualquiera, que tendrá un efecto rejuvenecedor sobre toda aquella persona que se aventure a llevarlas a la práctica en su vida cotidiana; pues es muy probable que tanto la juventud como la vejez obedezcan mucho más a una cuestión de tipo psicológico que meramente cronológico.

"Toda juventud es inquieta. El impulso hacia lo mejor sólo puede esperarse de ella: jamás de los enmohecidos y de los seniles. Y sólo es juventud la sana e iluminada, la que mira al frente y no a la espalda; nunca los decrépitos de pocos años, prematuramente domesticados por las supersticiones del pasado: lo que en ellos parece primavera es tibieza otoñal, ilusión de aurora que es ya un apagamiento de crepúsculo. Sólo hay juventud en los que trabajan con entusiasmo para el porvenir; por eso en los caracteres excelentes puede persistir sobre el apeñuscarse de los años. Nada cabe esperar de los hombres que entran a la vida sin afiebrarse por algún ideal; a los que nunca fueron jóvenes, paréceles descarriado todo ensueño. Y no se nace joven: hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal no se adquiere." (Introducción, III)
 
“Cuando el cuerpo se niega a servir todas nuestras intenciones y deseos, o cuando éstos son medidos en previsión de fracasos posibles, podemos afirmar que ha comenzado la vejez. Detenerse a meditar una intención noble, es matarla; el hielo invade traidoramente el corazón y la personalidad más libre se amansa y domestica. La rutina es el estigma mental de la vejez; el ahorro es su estigma social. El hombre envejece cuando el cálculo utilitario reemplaza a la alegría juvenil. Quien se pone a mirar si lo que tiene le bastará para todo su porvenir posible. ya no es joven; cuando opina que es preferible tener de más a tener de menos, está viejo; cuando su afán de poseer excede su posibilidad de vivir, ya está moralmente decrépito. La avaricia es una exaltación de los sentimientos egoístas propios de la vejez. Muchos siglos antes de estudiarla los psicólogos modernos, el propio Cicerón escribió palabras definitivas: "Nunca he oído decir que un viejo haya olvidado el sitio en que había ocultado su tesoro" (De Senectute, c. 7.). Y debe ser verdad, si tal dijo quien se propuso defender los fueros y encantos de la vejez.
Las canas son avaras y la avaricia es un árbol estéril: la humanidad perecería si tuviese que alimentarse de sus frutos. La moral burguesa del ahorro ha envilecido a generaciones y pueblos enteros; hay graves peligros en predicarla, pues, como enseñó Maquiavelo, "más daña a los pueblos la avaricia de sus ciudadanos que la rapacidad de sus enemigos".
Esa pasión de coleccionar bienes que no se disfrutan se acrecienta con los años, al revés de las otras. El que es maniestrecho en la juventud llega hasta asesinar por dinero en la vejez. La avaricia seca el corazón, lo cierra a la fe, al amor, a la esperanza, al ideal. Si un avaro poseyera el sol, dejaría el universo a oscuras para evitar que su tesoro se gastase. Además de aferrarse a lo que tiene, el avaro se desespera por tener más, sin límite; es más miserable cuanto más tiene: para soterrar talegas que no disfruta, renuncia a la dignidad o al bienestar; ese afán de perseguir lo que no gozará nunca constituye la más siniestra de las miserias.
La avaricia como pasión envilecedora, iguala a la envidia. Es la pústula moral de los corazones envejecidos.” (Capítulo VI, I) 

“La vejez inequívoca es la que pone más arrugas en el espíritu que en la frente. La juventud no es simple cuestión de estado civil y puede sobrevivir a alguna cana: es un don de vida intensa, expresiva y optimista. Muchos adolescentes no lo tienen y algunos viejos desbordan de él. Hay hombres que nunca han sido jóvenes; en sus corazones, prematuramente agostados, no encontraron calor las opiniones extremas ni aliento las exageraciones románticas. En ellos, la única precocidad es la vejez. Hay, en cambio, espíritus de excepción que guardan, algunas originalidades hasta sus años últimos, envejecidos tardíamente.” (Capítulo VI, II) 

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Otras fórmulas. 

"Por tanto, cuando se levantan diques al natural fluir de la bio-energía, también los rebasa, conduciendo a irracionalismos, perversiones, neurosis, etc. ¿Qué es lo que hay que hacer para corregir esto? hay que hacer retornar la corriente a su cauce normal, y dejarla fluir de nuevo naturalmente." (Wilhelm Reich, "Reich habla de Freud")

Cuando el hombre nace es suave y flexible;
El día de su muerte es rígido, firme y duro.
Al nacer, las plantas y los árboles son tiernos y flexibles;
El día de su muerte están duros y secos.
Por eso se dice: “Lo rígido y lo duro son atributos de la muerte;
Lo tierno y lo flexible son atributos de la vida.”
Así un ejército fuerte e inflexible perderá las batallas;
El árbol rígido está condenado a ser derribado.
Lo duro y lo fuerte ocupan el sitio de abajo (caen);
Lo tierno y lo flexible están en lo alto (continúan su desarrollo).
(Tao Te Ching, 76)