miércoles, 13 de noviembre de 2013

Meditaciones desde las entrañas del Infierno.

Un rostro hermoso o el trato amable de alguien, involucrado activamente en la corriente de las convenciones sociales, pueden ser los detonantes de un mortal alejamiento de tu grandioso objetivo. No te dejes atrapar por estas seducciones, antes bien, pon los medios que sean necesarios como si fueras Ulises protegiéndote de los cantos de las sirenas. Si quieren, que te sigan, pero no permitas que nadie te arrastre por la senda de una existencia ruin y miserable. No concedas ese derecho a quienes, de ningún modo, lo merecen.

Tienes el deber de protegerte, y, para ello, la desconfianza y el distanciamiento deberían ser las claves de tus relaciones humanas ("Sed astutos como serpientes"), pues, en los tiempos de descomposición que corren, no esperes encontrar a mucha gente que te facilite las cosas (hoy, más que nunca, “L´enfer c´est les autres”).

No te arriesgues buscando apoyos externos, ya aparecerán, y si no aparecen es porque no queda nadie digno. Demostrarías una gran irresponsabilidad si te mezclaras con quienes no son como tú. Sería un error fatal por tu parte. Es preferible la soledad a perder de vista tu ideal o contagiarte de su miseria (en estos tiempos, la soledad purifica). Tú continúa a lo tuyo; nada más debe importarte, pues nada hay más importante.

No sientas la menor compasión por quienes no comparten tus metas. Su objetivo (aunque no sean conscientes de ello) es destruirte, pues el tuyo es destruir la corrupción en la que ellos se regodean. Te guste o no, sois enemigos irreconciliables.

Apártate de ellos tanto cuanto te lo permitan las circunstancias. No seas ingenuo. ¿Crees que alguien con unos motivos tan viles como los que a ellos les mueven (básicamente, la codicia), puede serte de alguna ayuda? Todo lo contrario. Acabarán (como ya han hecho otras veces) arrastrándote al infierno en el que ellos viven.

El Universo te ayudará, porque tu causa es justa.

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Por fin has comprendido que (por tu propio bien) no puedes llevar la misma vida ruin y miserable que los demás; pues cada vez que recorres ese camino, invariablemente, acabas llegando al mismo lugar: lamentaciones y el más doloroso arrepentimiento.

A partir de ahora, no menosprecies la importancia de cada segundo de tu existencia; aprovéchalos para cultivar y purificar tu Esencia, alejándote, tanto como puedas, de su vulgaridad, de su estupidez, de su corrupción y de su engreimiento.

No tengas miedo a la soledad. El dolor que produce volver a caer en el error de embriagarte con su miseria, es mucho peor. La perseverancia en tu objetivo te llevará a crecer interiormente, y ello, te conducirá al triunfo. ¡Siéntete orgulloso de tu destino! Por más errores y contradicciones que cometas o creas tener, tus inquietudes definen tu nobleza.